El gran salmo de la protección de Dios, que se reza al empezar el día, antes de un viaje o en la enfermedad. En la numeración litúrgica es el salmo 90, y la Iglesia lo reza cada noche en completas.
- El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Todopoderoso.
- Diré yo al Señor: «Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré».
- Él te librará del lazo del cazador, y de la peste destructora.
- Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro; escudo y adarga es su verdad.
- No temerás el terror nocturno, ni saeta que vuele de día,
- ni pestilencia que ande en oscuridad, ni mortandad que en medio del día destruya.
- Caerán a tu lado mil, y diez mil a tu diestra; mas a ti no llegará.
- Ciertamente con tus ojos mirarás, y verás la recompensa de los impíos.
- Porque has puesto al Señor, que es mi esperanza, al Altísimo por tu habitación,
- no te sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu morada.
- Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos.
- En las manos te llevarán, para que tu pie no tropiece en piedra.
- Sobre el león y el áspid pisarás; hollarás al cachorro del león y a la serpiente.
- «Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré; le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.
- Me invocará, y yo le responderé; con él estaré yo en la angustia; lo libraré y le glorificaré.
- Lo saciaré de larga vida, y le mostraré mi salvación».