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Oración Diaria

Cuaresma y viernes

Vía Crucis

El camino de la cruz, en catorce estaciones

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Señor Jesús, reconozco que mi pecado tuvo peso en el madero que llevaste.

Me arrepiento de corazón y quiero enmendar mi vida con tu gracia.

Dame un corazón atento para recorrer contigo este camino.

No quiero mirarte de lejos: quiero caminar a tu lado hasta el final.

Primera estación. Jesús es condenado a muerte

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Pilato se lava las manos y la injusticia sigue su curso.

Tú callas, y en tu silencio hay más verdad que en toda la sentencia.

Cada vez que cedo por miedo al qué dirán, repito el gesto del que se lava las manos.

Señor, ayúdame a dar la cara cuando alguien necesite que la dé.

Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Segunda estación. Jesús carga con la cruz

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Recibes el madero sin discutir su peso ni su forma.

No te lo imponen solo los soldados: lo aceptas por mí.

Yo negocio con mis cargas y quiero elegir cuáles me tocan.

Señor, ayúdame a llevar lo que hoy me pesa sin buscar atajos.

Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Tercera estación. Jesús cae por primera vez

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

La tradición cristiana contempla aquí tu primera caída bajo el peso de la cruz.

Tienes el rostro contra el polvo del camino y vuelves a levantarte.

Tu caída no es derrota: es la medida de lo que pesa mi pecado.

Yo me avergüenzo de caer y prefiero esconder mis tropiezos.

Señor, ayúdame a levantarme sin demora cada vez que caiga.

Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Cuarta estación. Jesús encuentra a su Madre

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

La tradición cristiana pone a María en medio del camino, frente a ti.

No te aparta del dolor ni te pide que huyas: se queda mirándote.

Su fe sostiene lo que sus manos ya no pueden aliviar.

A mí me cuesta estar delante del que sufre sin poder arreglar nada.

Señor, ayúdame a acompañar sin prisa a los que sufren cerca de mí.

Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Quinta estación. Simón de Cirene ayuda a Jesús a llevar la cruz

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

A Simón lo obligan a ayudarte cuando volvía del campo y pensaba en lo suyo.

Lo que empezó como imposición se convirtió en la hora más grande de su vida.

También a mí el bien me llega casi siempre en forma de interrupción.

Señor, ayúdame a decir que sí cuando la caridad me venga a destiempo.

Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Sexta estación. La Verónica enjuga el rostro de Jesús

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

La tradición cristiana recuerda a una mujer que rompe el cerco y te limpia la cara.

No detiene la condena, pero devuelve dignidad a un condenado.

Tú guardas para siempre el gesto pequeño que nadie aplaudió.

Señor, ayúdame a hacer el bien que está a mi alcance aunque parezca poca cosa.

Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Séptima estación. Jesús cae por segunda vez

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

La tradición cristiana contempla tu segunda caída, ya cerca del final del camino.

Caer dos veces cansa más el alma que el cuerpo.

Yo conozco el pecado que vuelve y la vergüenza de repetirlo.

Señor, ayúdame a no confundir mi recaída con tu abandono.

Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Octava estación. Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Unas mujeres lloran por ti y tú les pides que lloren por ellas y por sus hijos.

Tu consuelo no es un alivio fácil, sino una llamada a cambiar de vida.

A mí me resulta más cómodo conmoverme que convertirme.

Señor, ayúdame a que mi pena por el mal se convierta en obras concretas.

Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Novena estación. Jesús cae por tercera vez

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

La tradición cristiana sitúa aquí tu tercera caída, a las puertas del Calvario.

Ya no te quedan fuerzas y todavía te queda camino.

Te levantas una vez más porque tu amor llega hasta el extremo.

Señor, ayúdame a perseverar cuando ya no sienta nada.

Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Décima estación. Jesús es despojado de sus vestiduras

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Te quitan lo poco que te quedaba y te dejan a la vista de todos.

Aceptas una pobreza total, sin nada que te proteja de las miradas.

Yo me visto de excusas y de apariencias para que nadie me vea como soy.

Señor, ayúdame a presentarme ante ti sin disfraces.

Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Undécima estación. Jesús es clavado en la cruz

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Los clavos sujetan unas manos que solo habían servido para curar y bendecir.

Quedas inmóvil y desde esa quietud sigues salvando.

Yo quisiera ser útil solo cuando puedo moverme, decidir y controlar.

Señor, ayúdame a servirte también desde mis límites.

Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Duodécima estación. Jesús muere en la cruz

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Entregas tu espíritu al Padre y todo queda consumado.

La muerte no te arranca la vida: eres tú quien la da.

Ese silencio de la tarde sostiene el mundo entero.

Señor, ayúdame a poner mi vida entera en tus manos cada día.

Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Decimotercera estación. Jesús es bajado de la cruz y entregado a su Madre

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

La tradición cristiana contempla a María recibiendo tu cuerpo entre sus brazos.

Lo que empezó con un niño en su regazo termina de este modo.

Ella no lo entiende del todo y sigue creyendo.

Señor, ayúdame a fiarme de ti cuando no comprenda lo que me pasa.

Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Decimocuarta estación. Jesús es sepultado

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Te colocan en un sepulcro prestado y sellan la piedra.

Parece el final y en realidad es la víspera.

Ese sábado nos enseña a esperar cuando no se ve nada.

Señor, ayúdame a aguardar tu victoria en mis noches largas.

Padre nuestro, Ave María y Gloria.