El «De profundis», el salmo de quien clama desde el fondo y espera el perdón. Se reza por los difuntos. En la numeración litúrgica es el salmo 129.
- De lo profundo, oh Señor, a ti clamo.
- Señor, escucha mi voz; estén atentos tus oídos a la voz de mis súplicas.
- Si tú, Señor, miraras las iniquidades, ¿quién, oh Señor, podría mantenerse en pie?
- Pero en ti hay perdón, para que seas temido.
- Esperé yo al Señor, esperó mi alma; en su palabra he esperado.
- Mi alma espera al Señor más que los centinelas a la mañana, más que los centinelas a la mañana.
- Espere Israel al Señor, porque en el Señor hay misericordia, y abundante redención con él.
- Y él redimirá a Israel de todos sus pecados.