Confesarse es más sencillo de lo que parece desde fuera. No hay que saberse nada de memoria, y si te pierdes basta con decirlo: el sacerdote te va guiando. Estos son los pasos.
Antes: prepararse
Busca un rato tranquilo y repasa tu vida desde la última confesión. Ayuda hacerlo con una lista de preguntas, como las de un examen de conciencia, o recorriendo los diez mandamientos. No se trata de encontrar muchas cosas, sino de ser sincero con las que hay.
Hace falta también el dolor de haber hecho mal y el propósito de cambiar. No hace falta sentir nada especial ni estar seguro de que no vas a volver a caer: basta con quererlo de verdad.
En el confesionario
- El saludo. Te santiguas y dices: «Ave María purísima». El sacerdote responde: «Sin pecado concebida».
- Cuánto hace. Dices cuánto tiempo ha pasado desde tu última confesión, aunque sea aproximado: «Hace unos seis meses que no me confieso».
- Los pecados. Los dices con sencillez, sin rodeos ni explicaciones largas. Los graves hay que decirlos todos, y más o menos cuántas veces.
- El consejo y la penitencia. El sacerdote te dice unas palabras y te pone una penitencia: normalmente una oración o un gesto concreto.
- El acto de contrición. Lo rezas en voz alta. Si no te lo sabes, vale decir con tus palabras que te arrepientes: «Señor, me arrepiento de todo corazón».
- La absolución. El sacerdote te absuelve «en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo». Respondes: «Amén».
Después
Cumple la penitencia cuanto antes, mejor allí mismo, y da gracias. Lo que has confesado está perdonado: no hace falta volver sobre ello.
En cinco ideas
- Examina tu conciencia. Sin prisa, sin dramatismo y sin buscarte pecados que no están.
- Duélete de lo que has hecho. Más por haber fallado a quien te quiere que por quedar mal.
- Propón enmendarte. Vale aunque sepas que eres flojo y que volverás a caer.
- Dile los pecados al sacerdote, claros y sin rodeos. Está ahí para levantarte, no para juzgarte.
- Cumple la penitencia que te dé y vete en paz. Lo que has confesado ya no existe.
Preguntas frecuentes
- Hace muchos años que no me confieso. ¿Qué hago?
- Díselo al sacerdote nada más empezar: «Hace muchos años y no sé muy bien cómo se hace». Es de lo más habitual, y él te ayudará haciéndote preguntas.
- ¿Y si me olvido de algún pecado?
- Si se te olvida sin querer, queda perdonado con los demás. Si era grave, se dice en la siguiente confesión.
- ¿Cada cuánto hay que confesarse?
- La Iglesia pide confesar los pecados graves al menos una vez al año, y siempre antes de comulgar si se tiene conciencia de pecado grave. Muchos lo hacen una vez al mes.
- ¿El sacerdote puede contar lo que le digo?
- Nunca, a nadie y por ningún motivo. Es el secreto de confesión, y no tiene excepciones.