Hoy, domingo, se rezan los misterios gloriosos. Aquí tienes el rosario entero, en el orden en que se reza: unos veinte minutos, sin prisa.
Para empezar
Señal de la cruz
Por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Credo
Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.
Después, un padrenuestro, tres avemarías y un gloria.
Padre nuestro
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre, venga a nosotros tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Ave María
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
1.º misterio glorioso: La Resurrección del Señor
Marcos 16, 1-8
Las mujeres van al sepulcro a cuidar un cadáver y encuentran la piedra corrida. Desde esa mañana la última palabra ya no la tiene la muerte.
Un padrenuestro, diez avemarías y un gloria. Fruto del misterio: la fe
Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.
2.º misterio glorioso: La Ascensión del Señor
Hechos 1, 6-11
Jesús se marcha y a la vez promete quedarse todos los días. Los discípulos dejan de mirar al cielo y empiezan a caminar.
Un padrenuestro, diez avemarías y un gloria. Fruto del misterio: la esperanza
Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.
3.º misterio glorioso: La venida del Espíritu Santo
Hechos 2, 1-13
Unos hombres encerrados por miedo salen a hablar sin miedo. Lo que cambió no fueron ellos, sino el fuego que recibieron.
Un padrenuestro, diez avemarías y un gloria. Fruto del misterio: los dones del Espíritu
Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.
4.º misterio glorioso: La Asunción de María al cielo
Apocalipsis 12, 1
La que llevó a Dios en su cuerpo no conoce la corrupción del sepulcro. En ella se ve de antemano lo que Dios quiere para todos.
Un padrenuestro, diez avemarías y un gloria. Fruto del misterio: una buena muerte
Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.
5.º misterio glorioso: La coronación de María como Reina
Judit 13, 18-19
Es reina por haber servido, no por haber mandado. Su corona es la de quien se fio de Dios hasta el final.
Un padrenuestro, diez avemarías y un gloria. Fruto del misterio: la confianza en María
Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.
Para terminar
Salve
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva, a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María.
Ruega por nosotros, santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.