El martes, se rezan los misterios dolorosos. Aquí tienes el rosario entero, en el orden en que se reza: unos veinte minutos, sin prisa.
Para empezar
Señal de la cruz
Por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Credo
Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.
Después, un padrenuestro, tres avemarías y un gloria.
Padre nuestro
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre, venga a nosotros tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Ave María
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
1.º misterio doloroso: La oración de Jesús en el huerto
Lucas 22, 39-46
Jesús tiene miedo y lo dice. Reza pidiendo que pase el trago y termina aceptando la voluntad del Padre, que es lo más difícil de rezar.
Un padrenuestro, diez avemarías y un gloria. Fruto del misterio: el arrepentimiento
Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.
2.º misterio doloroso: La flagelación del Señor
Juan 19, 1
Un hombre atado a una columna recibe en su cuerpo lo que otros merecían. Cada golpe es una respuesta silenciosa al mal que no quiso devolver.
Un padrenuestro, diez avemarías y un gloria. Fruto del misterio: la pureza de vida
Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.
3.º misterio doloroso: La coronación de espinas
Mateo 27, 27-31
Le ponen una corona que hace sangrar y un manto que se burla de su reino. El rey del universo se deja coronar por quienes se ríen de él.
Un padrenuestro, diez avemarías y un gloria. Fruto del misterio: el valor ante la burla
Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.
4.º misterio doloroso: Jesús con la cruz a cuestas
Lucas 23, 26-32
El camino es corto y aun así se cae varias veces. Alguien tiene que ayudarle, porque ni el Hijo de Dios quiso llevar su cruz completamente solo.
Un padrenuestro, diez avemarías y un gloria. Fruto del misterio: la paciencia
Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.
5.º misterio doloroso: La crucifixión y muerte de Jesús
Juan 19, 25-30
Desde la cruz perdona, entrega a su madre y dice que todo está cumplido. El amor llegó hasta el final, y desde allí empezó a salvar.
Un padrenuestro, diez avemarías y un gloria. Fruto del misterio: la perseverancia
Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.
Para terminar
Salve
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva, a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María.
Ruega por nosotros, santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.