Los diez mandamientos son el camino que Dios dio a su pueblo en el monte Sinaí, y Jesús los resumió en dos: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. Los tres primeros miran a Dios; los otros siete, a los demás. No están pensados como una lista de prohibiciones, sino como lo mínimo que hace falta para vivir bien con Dios y con los que tenemos cerca.
- 1. Amarás a Dios sobre todas las cosas
- Poner a Dios en el centro y no cambiarlo por el dinero, el éxito o uno mismo.
- 2. No tomarás el nombre de Dios en vano
- Hablar de Dios y de lo sagrado con respeto, y no jurar en falso.
- 3. Santificarás las fiestas
- Dedicar el domingo a Dios, a la misa, al descanso y a la familia.
- 4. Honrarás a tu padre y a tu madre
- Querer, respetar y cuidar a los padres, también cuando son mayores.
- 5. No matarás
- Respetar la vida propia y la ajena; tampoco herir con el odio, el desprecio o la palabra.
- 6. No cometerás actos impuros
- Vivir la sexualidad con respeto y fidelidad, sin usar a nadie.
- 7. No robarás
- No quedarse con lo que no es de uno, pagar lo justo y devolver lo que se debe.
- 8. No darás falso testimonio ni mentirás
- Decir la verdad y no dañar la fama de nadie con mentiras o habladurías.
- 9. No consentirás pensamientos ni deseos impuros
- Cuidar el corazón y la mirada: lo que se hace empieza en lo que se desea.
- 10. No codiciarás los bienes ajenos
- No vivir pendiente de lo que tienen los demás; la envidia amarga la vida.
Los mandamientos son también la guía más usada para preparar la confesión: se repasan uno a uno preguntándose con sinceridad cómo se ha vivido cada uno.