
Era oficial de la guardia pretoriana y cristiano, dos cosas que en el año 288 no podían convivir mucho tiempo. Cuando se supo, Diocleciano mandó que lo asaetearan sus propios compañeros. Lo dieron por muerto y una mujer, santa Irene, lo recogió para enterrarlo y descubrió que respiraba. Lo curó.
Lo que hizo después es lo que impresiona: en cuanto pudo tenerse en pie, volvió a presentarse ante el emperador para reprocharle la persecución. Esa vez lo mataron a golpes. Los flechazos que no lo mataron son lo que todo el mundo recuerda, porque el Renacimiento los pintó mil veces. Patrono de los arqueros, de los atletas y de varias ciudades, se celebra el 20 de enero.
Fiesta: 20 de enero · Mártir