
De su vida se sabe poco cierto: fue obispo de Sebaste, en Armenia, y murió mártir a principios del siglo IV, durante las últimas persecuciones del Imperio. Todo lo demás llegó después, contado de boca en boca, y una escena se quedó en la memoria de la gente: camino de la cárcel, una madre le puso delante a su hijo, que se ahogaba con una espina de pescado clavada en la garganta, y el niño se salvó.
Por eso su fiesta huele a iglesia de pueblo y a dos velas cruzadas bajo la barbilla. Es el santo al que se acude por los males de garganta, y hay pocas devociones tan domésticas y tan poco solemnes como esta. Se celebra el 3 de febrero, y en muchos sitios se bendicen ese día los panecillos de san Blas.
Fiesta: 3 de febrero · Obispo y mártir