No pidas a Dios grandes hazañas y luego olvides las pequeñas fidelidades. Un minuto de silencio, una palabra amable, una queja menos. Con eso se construye la santidad de cada día.
El versículo del 4 de enero
«Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.» Mateo 5,8