Señor, te traigo a mi hijo, que me preocupa más que yo mismo.
Tú le conoces mejor que yo, que a veces no le entiendo.
Guárdale de lo que puede hacerle daño y de lo que se busca él solo.
Dame paciencia para escucharle sin soltarle un sermón.
Enséñame cuándo hablar y cuándo callarme.
Que sepa que le quiero haga lo que haga.
Y ayúdame a soltarle poco a poco, que no es mío del todo.
Amén.
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