María, Madre mía, hoy me pongo en tus manos.
Te doy mis ojos, mis oídos, mi lengua y mi corazón: lo que vea, lo que escuche, lo que diga y lo que quiera.
No sé hacerlo bien solo, y tú sabes cómo se dice que sí a Dios.
Guárdame como cosa tuya, y cuando me pierda, ven a buscarme.
Llévame hoy un poco más cerca de tu Hijo. Amén.