Las obras de misericordia son las maneras concretas de ayudar al que lo pasa mal. Son catorce: siete atienden las necesidades del cuerpo y siete las del alma. Las corporales salen casi todas de las palabras de Jesús sobre el juicio final: «Tuve hambre y me disteis de comer».
Las siete obras de misericordia corporales
- Dar de comer al hambriento
- Compartir la comida con quien no la tiene.
- Dar de beber al sediento
- Y cuidar el agua, que a muchos les falta.
- Dar posada al peregrino
- Acoger a quien llega de fuera o no tiene dónde ir.
- Vestir al desnudo
- Dar ropa y devolver dignidad a quien la ha perdido.
- Visitar a los enfermos
- Acompañar, no solo curar: el tiempo es lo que más se agradece.
- Visitar a los presos
- No dar a nadie por perdido.
- Enterrar a los difuntos
- Despedir con respeto y acompañar a los que se quedan.
Las siete obras de misericordia espirituales
- Enseñar al que no sabe
- Compartir lo que uno ha aprendido, también la fe.
- Dar buen consejo al que lo necesita
- Con prudencia y cuando lo piden.
- Corregir al que se equivoca
- Con cariño y a solas, no para humillar.
- Perdonar las ofensas
- La más difícil y la que más se parece a Dios.
- Consolar al triste
- Estar al lado, aunque no se sepa qué decir.
- Sufrir con paciencia los defectos del prójimo
- Aguantar a los demás como ellos nos aguantan a nosotros.
- Rezar a Dios por los vivos y por los difuntos
- Llevar a los demás en la oración.
Una buena costumbre es elegir una sola y proponerse vivirla durante la semana, en vez de intentarlas todas a la vez.