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Lecturas del día

Evangelio del miércoles 11 de noviembre

Miércoles, 11 de noviembre de 2026 · Miércoles de la 32.ª semana del Tiempo Ordinario

Evangelio

Evangelio según San Lucas 17,11-19.

Mientras se dirigía a Jerusalén, Jesús pasaba a través de Samaría y Galilea.

Al entrar en un poblado, le salieron al encuentro diez leprosos, que se detuvieron a distancia

y empezaron a gritarle: "¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!".

Al verlos, Jesús les dijo: "Vayan a presentarse a los sacerdotes". Y en el camino quedaron purificados.

Uno de ellos, al comprobar que estaba curado, volvió atrás alabando a Dios en voz alta

y se arrojó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole gracias. Era un samaritano.

Jesús le dijo entonces: "¿Cómo, no quedaron purificados los diez? Los otros nueve, ¿dónde están?

¿Ninguno volvió a dar gracias a Dios, sino este extranjero?".

Y agregó: "Levántate y vete, tu fe te ha salvado".

Primera lectura

Carta de San Pablo a Tito 3,1-7.

Querido hermano:

Recuerda a todos que respeten a los gobernantes y a las autoridades, que les obedezcan y estén siempre dispuestos para cualquier obra buena.

Que no injurien a nadie y sean amantes de la paz, que sean benévolos y demuestren una gran humildad con todos los hombres.

Porque también nosotros antes éramos insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de los malos deseos y de toda clase de placeres, y vivíamos en la maldad y la envidia, siendo objeto de odio y odiándonos los unos a los otros.

Pero cuando se manifestó la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor a los hombres,

no por las obras de justicia que habíamos realizado, sino solamente por su misericordia, él nos salvó, haciéndonos renacer por el bautismo y renovándonos por el Espíritu Santo.

Y derramó abundantemente ese Espíritu sobre nosotros por medio de Jesucristo, nuestro Salvador,

a fin de que, justificados por su gracia, seamos en esperanza herederos de la Vida eterna.

Salmo

Salmo 23(22),1-3a.3b-4.5.6.

El Señor es mi pastor,

nada me puede faltar.

El me hace descansar en verdes praderas,

me conduce a las aguas tranquilas

y repara mis fuerzas.

Me guía por el recto sendero,

Aunque cruce por oscuras quebradas,

no temeré ningún mal,

porque Tú estás conmigo:

tu vara y tu bastón me infunden confianza.

Tú preparas ante mí una mesa,

frente a mis enemigos;

unges con óleo mi cabeza

y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu gracia me acompañan

a lo largo de mi vida;

y habitaré en la Casa del Señor,

por muy largo tiempo.

Reflexión del día: San Martín de Tours

Partió su capa con un mendigo y esa noche vio a Cristo con ella. Lo que das al pobre se lo das a Él. Parte hoy tu capa.